La Policiaca – La Nota Roja De Mexico

El megáfono que se apagó con la muerte de Erick (video)

Ciudad de México.- Durante 50 horas, la hermana de Erick Gaona Garnica, junto con su familia, se mantuvieron frente a una montaña de escombros enviándole ánimos con un megáfono y pidiéndole que resistiera, hasta que tristemente lo encontraron sin vida.

“Aguanta por favor, están haciendo todo lo posible por sacarte”, se le escuchaba decir a Karina, la hermana de Erick, mientras que los rescatistas hacían lo posible por rescatarlo.

La tarde del “martes negro”, el edificio de cuatro pisos ubicado en el 176 de la calle Medellín, esquina con San Luis, en la Colonia Roma, colapsó. Se vino abajo 40 minutos después del terremoto de 7.1 que azotó el centro del país. Fue la trampa que atrapó a Erick.

“Salió y volvió a entrar. Le dijimos que no lo hiciera porque se veía feo, pero entró a recoger sus cosas”, comentó el vendedor del puesto de periódicos que hay frente a lo que hasta el martes era un edificio de oficinas. Se acuerda de él perfectamente: robusto, grande, con barba, unos cuarenta años.

Apenas había pasado media hora del temblor y la sensación en la calle San Luis Potosí era de que la pesadilla había terminado. Muchos vecinos aprovecharon para entrar y revisar los daños, pero el edificio de Erick se venció completamente de un lado.

Su familia buscó la lista de Locatel, fue a los hospitales de Xoco, Balbuena y la Cruz Roja de Polanco y en ninguno estaba su familiar. Tenía que estar ahí.

Desde entonces su familia estuvo junto a los servicios de rescate pero no con un pico ni una sierra, sino con un megáfono desde el que Karina le hablaba con los ojos llorosos a Erick.

“No nos vamos a mover hasta que salgas. Tu hija está bien, tus padres están bien…ten fe”, gritaba a los escombros su hermana.

Durante dos noches, con cada ladrido de los perros binomios, lo que significa que hay alguien sepultado, se avivaba la esperanza. Hasta entonces, los brigadistas habían sacado de esos mismos escombros a tres personas vivas y tres muertas y solo quedaba él, de acuerdo con el recuento que habían hecho los vecinos, amigos y familiares.

Cerca de las 12:00 de la mañana del jueves, Chichi, un pastor belga de aspecto famélico y entrenado en Saltillo, seguía oliendo entre las piedras. Husmeó hasta que localizó un lugar y comenzó a arañar el cemento de forma frenética. Era la segunda vez que marcaba el mismo punto.

Una vez ubicada la existencia de un cuerpo, el equipo israelí y los Topos de México se hundieron entre las piedras y momentos después salieron con Erick envuelto en una sábana. Entonces, en un gesto que ya es un símbolo, levantaron el puño para pedir un minuto de silencio. Los rescatistas explicaron después que, probablemente falleció en el instante del derrumbe, con la caída de los primeros cristales.

Su hermana se detuvo entonces ante los cientos de voluntarios que llevaban dos días dejando el alma sobre los escombros y tomó el simbólico megáfono para dirigirse a ellos: “Gracias a todos, gracias a quienes han ayudado en las tareas de rescate y a quienes han traído comida y víveres. Pido un aplauso para ellos…”, dijo, y se retiró entre la gente.

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