La Policiaca – La Nota Roja De Mexico

"Fue un presentimiento, en la casa había fotos de la Santa Muerte"

NACOZARI, Sonora. La historia inició el pasado 6 de marzo. Martín Barrón López, un modesto soldador que vive en una de las tantas cañadas que forman el paisaje de este pueblo minero, acurrucado entre las montañas rojizas de la Sierra Madre Occidental, confiesa que tuvo un mal presentimiento.

“Yo veo mucho Discovery, miré que en un país, no sé dónde, pasó un caso parecido, que a un niño lo echaron en un pozo, fue como un presentimiento, a mí me acarreó un mal presentimiento”.

Él niega que por su denuncia haya iniciado la investigación sobre las personas desparecidas. Insiste que fue un presentimiento, porque de pronto ya no vio a Jesús Octavio, el niño de diez años, cuyo cuerpo fue encontrado bajo la cama de una casucha donde vivía la hermana de su pareja sentimental.

Georgina Meraz, un mujer de 26 años, es su pareja. Ella, junto con su madre, su padrastro, tres hermanas y un hermano, fue arrestada el 29 de marzo para ser investigada por un triple homicidio en rituales para honrar a la Santa Muerte.

Barrón López tiene en sus brazos a Vanely, un niña de cuatro años, que es hija de Georgina. Reconoce que la desaparición de Jesús Martínez y “cosas” que vio en la casa de su suegra le produjeron malas vibras.

“Yo comenté que en la casa de Silvia entraba gente rara, dije que había fotos de la Santa Muerte, tenía miedo de que fueran a involucrarme, le comenté a una persona de mis presentimientos”, confiesa y hace esfuerzos por dejar en claro que él no alertó a las autoridades sobre la desaparición del niño.

La búsqueda

El director de la Policía de Nacozari, José Miguel Espinoza, abogado de 34 años egresado de la Universidad de Sonora, fue el primero en conocer sobre el caso. Dos años atrás, buscaban a Martín Ríos Chaparro, otro niño de 10 años que luego se supo también fue víctima de la pandilla de los ritos de la Santa Muerte.

El jefe policiaco acepta la entrevista con MILENIO. De entrada dice que Nacozari es un pueblo pacífico, tranquilo y que nunca habían tenido un hecho violento.

El primer niño de 10 años fue reportado como perdido en julio de 2010. Su madre y el novio de ésta le dijeron a la policía que sus conocidos lo vieron pidiendo limosna en calles de Agua Prieta, en la frontera con Arizona, dijo Espinoza.

Un segundo niño, de la misma edad, se perdió a principios de marzo, lo que provocó que la Unidad de Personas Desaparecidas de la procuraduría estatal enviara agentes a Nacozari, de acuerdo con el jefe de la policía local.

El comandante Espinoza confirmó que fueron la madre de ese menor y el novio de ella los que reportaron la desaparición del niño. Las autoridades estatales descubrieron semanas después que los dos menores tenían conocidos en común.

Martín Ríos era hijo de la ex novia de un hombre llamado Eduardo Sánchez. El segundo, Jesús Martínez, era el nieto político de la nueva novia de Eduardo, Silvia Meraz.

Espinoza agregó que ambos niños acudían frecuentemente a la casa de Meraz, en un barrio pobre en las afueras del poblado.

Señaló que los agentes sospecharon que la casa era usada para la prostitución, luego de ver a hombres ajenos al pueblo visitar el lugar, pero nunca recabaron la evidencia suficiente para arrestar a alguien.

Hallan cadáver

El pasado 29 de marzo los agentes finalmente desenterraron el cadáver del niño Jesús Martínez, que fue inhumado bajo el piso de tierra de la recámara de una de las hijas de Meraz.

Así, las autoridades empezaron a arrestar a los demás integrantes de la familia, quienes los guiaron a lo que se cree son los restos de otro menor, así como a la tumba de Cleotilde Romero, una mujer de 55 años que era amiga cercana de Meraz y que desapareció en 2009.

Degollada

Cleotilde, quien junto con su marido se dedicaba a vender paletas de hielo empujando una carreola por las accidentadas calles del pueblo, fue degollada por Silvia Meraz, quien utilizó una hacha para cercenarle la cabeza.

Ella le dijo a la policía que cortaban a las víctimas con cuchillos y que la sangre fue regada en el monte para ofrecerla a la Santa Muerte. Sus cadáveres fueron enterrados cerca de las casuchas, donde presuntamente vivían los integrantes del culto.

José Larrinaga, vocero de la procuraduría estatal, dijo que Meraz encabezaba el culto, pero hasta ahora las investigaciones no han derivado en cargos formales y los detenidos están arraigados en algún lugar de Hermosillo.

“Al ofrecerle la sangre, les daba protección por un tiempo. Según ellos, iban a recibir como recompensa que la Santa Muerte, de la que se dicen fanáticos, les iba a indicar dónde había dinero”, refirió el vocero de la fiscalía.

Espinoza reveló que fue él quien arrestó a Silvia Meraz, y aseguró que en la casucha, donde a unos metros encontraron enterrada a la mujer que ella confesó matar, encontraron dos fotos de la Santa Muerte, rodeadas de veladoras.

Silvia confesó que Yahaira, hija de Silvia, fue quien mató a Martín Chaparro, un niño de 10 años, de cuyo cuerpo apenas fueron encontrados algunos huesos.

“Silvia nos dijo que primero emborracharon a Martín y luego, Yahaira, quien en esa fecha tenía 13 años, le clavó 30 veces un cuchillo”, relata el comandante policiaco.

Por su parte, el secretario de Seguridad Pública estatal, Ernesto Munro Palacios, dijo que Yahaira ha sido internada en el Instituto de Aplicación de Tratamiento de Medidas a Menores, donde los especialistas la han sometido a varias pruebas psicológicas y de psiquiatría.

Munro describió el estado emocional de la menor internada: “Está muy tranquila, ella vio desde muy pequeña los rituales de su madre, para ella eso era normal”, puntualizó.

 

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