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Seminarista que abusó de una niña purgó 8 meses en prisión, salió, se hizo sacerdote y atacó a otra menor

Seminarista que abusó de una niña purgó 8 meses en prisión, salió, se hizo sacerdote y atacó a otra menorEstado de México.- Olga Lilia Tovilla Madrigal, nunca imaginó que el seminarista que abusó sexualmente de su hija de ocho años, el cual fue detenido, sentenciado y quien purgó condena de ocho meses de prisión, terminaría siendo sacerdote y diez años después sería nuevamente detenido por violar a otra menor.

El caso se remonta al 15 de junio de 2007 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, a donde el seminarista Julián Quino Velasco, de 30 años y perteneciente a los Misioneros de Guadalupe, llegó procedente del Estado de México, y ofreció un curso de baile a las niñas que tomaban clases de catecismo.

Ese día eligió a la hija de Olga Lilia y le dijo: “Me acompañas a casa de doña Chepi para traer el periódico y unos regalos para los niños”. La menor accedió y se trasladó a la vivienda donde él se hospedaba.

“Yo me quedé recargada en una pared viendo la televisión en la sala porque estaba Bob Esponja y él entró a una recamara y me jaló muy fuerte de la mano, me metió y cerró la puerta… se sentó en la cama agarrándome de los hombros con sus manos y después me acostó en la cama”, dice la menor en su declaración ministerial.

La copia del expediente número 794/2009 del Poder Judicial de Chiapas incluye el testimonio de la niña: “Él me volvió a besar en las mejillas y en mi boca con su boca y estaba sobre mí y después me tocó con su mano mis piernas por arriba de mi ropa y yo le dije traumada: ‘¿No vas a escoger los regalos?’”

Cuenta que en ese momento el seminarista la apartó, se levantó de la cama y le permitió súbitamente salir de la habitación. La niña entonces contó lo ocurrido a su madre, quien interpuso una denuncia penal e inició una larga batalla por la justicia, luego de realizarse las pruebas periciales que confirmaban la agresión.

La primera condena

La averiguación previa número 000274/EUDSYVF1/2007, iniciada en la Fiscalía Especializada en Delitos Sexuales contra el seminarista, se radicó en el juzgado segundo del ramo penal del distrito judicial de Tuxtla Gutiérrez, bajo el número 373/2008. Dos meses después se liberó la orden de aprehensión por el delito de abuso sexual, pero Quino Velasco huyó a la Ciudad de México.

Las autoridades eclesiásticas lo protegieron trasladándolo a diferentes parroquias de la República para evadir la acción de la justicia.

El comandante Federico Taboada se encargó entonces de la investigación y el 26 de septiembre lo localizó en su pueblo natal, El Salto de Eyipantla, municipio de San Andrés Tuxtla, Veracruz. Sin embargo, siguió siendo defendido por sus superiores eclesiásticos y las autoridades le concedieron el amparo indirecto número 2152/2007.

A pesar de ello, el 28 de septiembre de 2007 se le dictó auto de formal prisión y a los ocho meses salió libre. El religioso quedó en libertad porque consideraron que su delito no era grave.

Luego de cumplir condena de ocho meses, Olga Lilia pensó que el seminarista nunca llegaría a ser sacerdote por sus antecedentes penales. Incluso escribió una carta al entonces papa Benedicto XVI para contarle su historia, pero nunca recibió respuesta, aunque le aseguraron que fue expulsado del seminario de los Misioneros de Guadalupe, que está ubicado en la colonia La Joya, en la delegación Tlalpan de la Ciudad de México.

Para su sorpresa, hace unos meses se enteró que, a pesar de todo, Julián Quino Velasco fue ordenado sacerdote y ocupó varios cargos en distintas iglesias, escalando puestos.

El 17 de enero de 2016 el obispo Víctor René Rodríguez Gómez lo nombró, en una multitudinaria ceremonia, párroco en la comunidad de San Andrés Tlalámac, Estado de México.

Un año después el nombre del sacerdote volvió a salir a la luz, está vez modificado como Julián Quintero Velasco, vicario de la parroquia de San Luis Obispo, ubicada en la plaza Juárez de Tlalmanalco.

La historia se repite

Durante la madrugada del 20 de mayo del 2017, a las 2:00 horas, el sacerdote encerró en una habitación a una niña de 11 años que asistía a los retiros espirituales de la parroquia y la violó. La menor pudo después llamar por teléfono a su madre, de nombre Maribel, y fue cuando ambas acudieron a la comandancia municipal a denunciar los hechos.

Fue entonces que el Ministerio Público de Amecameca ordenó que se detuviera al sacerdote, quien nuevamente fue encarcelado por el delito de abusos sexuales contra una menor.

Se está a la espera de obtener una sentencia histórica contra este sacerdote, como en el caso del sacerdote Carlos López Valdés, recientemente condenado a 63 años de prisión por abusos sexuales contra menores de edad.

Olga Lilia Tovilla Madrigal considera que ya es hora de enjuiciar también a los obispos protectores y encubridores de los sacerdotes pederastas. Su hija afortunadamente logró superar lo vivido, aunque con terribles recuerdos: Durante años mi hija escuchaba las campanas de la iglesia y se tapaba los oídos.

Por Sanjuana Martínez

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